miércoles 6 de febrero de 2008

Malegria Cuando me hablas de Amor

Enfant yeux doux (niña ojos de infante)

Sonríes, sonríes y yo absorto

Me sostienes la mano, como si evitaras una muerte inquieta,

Pues no, tus lánguidos ojos de infante me desoían la tristeza.

Hay una palabra que no digo antes de despedirme,

Una que eclipsa el mar, una que rompe mi camisa

Que solo tu habrás de saber, cuando a mi se me resbale

Y que del pecho me taladre: … te necesito…

--------------------------------------------------------------------------------------------

Era un día no tan común, dos gatos dejaron de coquetearse al verme ver la luna como ajonjolí, prendí el último cigarro pícaro y arrugado que me quedaba y partí a mi casa.

¡Muy bien! Comienza el viaje de las dos horas, los autos parecían oír mis pensamientos, ¡difícil de explicar!, como me lo había dicho mi psiquiatra: la policía del pensamiento me rondaba. Empecé a tararear una vieja canción que habla de trenes, trenes viejos que no llegan a su portal. Abstraído de pájaros me cobijé en el árbol mas grande hasta que se pasara el efecto: el del dulce humo… una noche púrpura, de los trigales cansados, de la prisa en calma, de la muerte rastrera, de los dinteles intactos, de los besos entre dientes, de lo solo que me sentía esa noche de abril.



CONVERSANDO CON GATOS PARDOS



Ves cosas y dices,"¿Por qué?" Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, "¿Por qué no?". George Bernard Shaw

Introinducción…

Hay cosas que son irrefrenables, hay guarniciones que siempre estarán vivas en la memoria, hay sueños… sueños que nunca mueren

El soñaba despierto con el Nóbel, un Nóbel bien ganado decía él…
Sebastián, un hombre despierto en un siglo dormido escribía sin menospreciar su lírica de día incandescente y de noche enmarañada.
Dejó a su novia por su oficio de escritor, ya casi no tenía amigos pues tomó la drástica decisión de enclaustrarse y solo conversar con sus gatos…
Ya ni en un mundo de extraños convivía decía él… el siglo dormido de cobre verdusco nada tenia que ofrecerle, el escritor debe estar en paz o en guerra con el mundo, pero este mundo burguesillo falto de imaginación no tenia ni lo uno ni lo otro.

Una mañana que llega cuando las estrellas se acobardan lo sorprendió.
Decidió salir de su bunker cuando sintió que sus gatos le murmuraban al oído “gloria Sebastián, endevant Sebastián…, tus latidos se harán perpetuos con el pasar de los siglos… fin del ciclo…”

Algo no andaba bien en la cabeza de nuestro pobre cofrade Sebastián amigos míos – y el lo sabía – púes sus gatos solo sabían hacer jueguitos antropomórficos sentados sobre libros viejos de Kafka como si leyeran sus confusos relatos.

Esa fue su partida, es decir, su nueva partida, llámesele en forma de estrella o de gato ya era una señal, la señal de convertirse en un escritor flaneur, o sea un escritor andante, había probado todo, solo le quedaba deambular.

En sus primeros pasos fuera de su casa redescubrió la acera y la encontró con una atroz falta de estética y muy abigarrada. Que pasa por la calle flaco! – le gritó un obrero al verlo confuso por su propio barrio – él solo hizo un ademán de profundo desprecio y siguió caminando con su mochila en la cuál llevaba su novela a medio terminar – o a medio comenzar – unos bolígrafos y algo de dinero.

Por la gran ciudad…

Él pensaba en la novelista inglesa al reflexionar en que “La vida, en realidad, es una calle de sentido único”, Pero para él no. La vida era un crisol incontenible de colores puestos a la luz para escribir su gran novela. No había que perder tiempo, la soledad que antes hacia de una bestia brutal un niño con cabellos arrebolados, hoy le desesperaba, el murmullo de las calles hacían relucir el placer de las emociones intangibles, el dolor de los sentidos ofuscados. Atrás habían quedado las noches de nostalgia y del recuerdo. De su amada ya no recordaba nada, pues su amor era su vida y su talento su Nouvelle vie.
Al adentrarse la noche (pues esta nunca avisa, sino a tirones) se vio solo en un páramo cercano a una playa, se encontró o lo encontraron unos mendigos y le invitaron a regalarle algo de dinero, pero al ver a nuestro joven paladín de lapicera sin un duro lo convidaron a reunirse con ellos a comer lo recaudado en la tarde. Sebastián sentíase algo asqueado por las sobras y la horrenda higiene de sus nuevos camaradas, pero pensó que hubiese hecho Buda o talvez Cristo en su lugar, y su cerebro hizo un ademán algo gracioso a su estomago y sin darse cuenta ya comía con sus nuevos amigos.

Como era el nuevo, todos querían saber su historia. Él trató de improvisar una mentira púrpura como el vino mal cuajado que se bebía allí, pero no pudo y pensando que nadie lo entendería, una voz femenina - la única cosa adorable (aparte del mar) entre ese antro de gandules que a pesar de su condición de vulgares sacos de piojos y valores transfigurados la cuidaban como una hija – le dijo, yo te comprendo y lo apartó hacia un rincón de la playa.

Le contó una historia algo inverosímil, de sus periodos de niña aristocrática, de cuna de oro y zapatos de plata. Que solo estaba con ellos por un capricho romántico o un retiro espiritual, volver a la semilla decía ella. Él casi no prestaba atención a sus palabras pues en ciertas ocasiones Sebastián oía con los ojos. Por la extraordinaria belleza y sutileza en sus palabras algo de verdad había en su historia y sobretodo por esto: mientras Sebastián dormía entre el rumor de las olas, soñando con aquella extraña persona de particular hermosura que apenas había conocido y que le llamaba mucho la atención, cuando sintió que le tocaban el pelo de una manera como solo su antiguo amor le solía hacer - te quería despertar, pero no sabía como – repuso ella algo sonrojada, - ¿que sucede? le dijo él… - mira – dijo ella - toma este pendiente. Ha pertenecido a mi familia durante décadas .Empéñalo, vamos vete de aquí pronto que va a amanecer y termina tu novela, cumple tu sueño, que cuando lo hagas yo lo habré cumplido también. Sebastián no entendía mucho lo que pasaba pero aceptó el obsequio, si bien es cierto, ya casi no le quedaba ni para comer y este era su hábito predilecto. Se despidió de ella con un beso casi infantil en la boca, sin arrojo ninguno sentía que era menester hacer esto, había sellado un pacto, se despejó la cara con agua salada y sin despedirse se fue.

Buscando un ideal

Por varias semanas Sebastián no pudo empeñar el valiosísimo pendiente, pues era demasiado hermoso y tenia el encanto de lo antiquísimo así que todas las joyerías desconfiaban de su procedencia. Hasta que por esas casualidades se topó con un ermitaño algo extraño y muy adinerado que le explicó la procedencia de tal pendiente.
Perteneció a una familia de alcurnia del siglo 18 la cual por motivos de avaricia se había aniquilado entre si por poseer tal espécimen maravilloso, quien lo habría dicho… sobre toda perfección existe algún tipo de fatalidad, quizás hasta la naturaleza contaba con esas marcas en su piel.
Decidió darle una maravillosa suma de dinero, mas de lo que Sebastián podría haberse imaginado en su vida, y pues claro había que librarse de tal objeto con un pasado tan sórdido. El extraño hombre le entregó una gigantesca dote por el pendiente, se despidió sin hablar mucho y no se volvieron a ver nunca mas…

Tiempo después ya con mucho dinero Sebastián decidió dedicarse a viajar y a afinar lo que seria para el mundo su novela, su fuego en desbanda, muchas veces sus personajes tenían los rasgos idealizados de su joven y bella musa que tan extrañamente conoció en la playa…

Él ya sabía lo que era, era un farsante, era un fantoche, con la idea torcida del arte y sus maneras. El dinero poco lo ayudó a recibir la gracia de las letras, como gorrión cojo deambulaba con su chaqueta costosa los más pomposos suburbios del glamour sin encontrar respuesta ni ideal refulgente.
Con menos dinero ya en los bolsillos y hambre más aun de los vicios de nuestro querido occidente se hallaba desvalijado de conciencia y atolondrado de sentidos. Cayó en los abismos de las drogas a granel para alivianar su alma dolorida en los albores de una carne cada vez menos firme…
De más está decirles que muchas veces intentó terminar su novela, pero sus trémulas venas henchidas de cocaína solo manchaban el papel de desolación y hastío a una vida sin luna de arena y estrellas fugases muertas…

Bastó que los cuervos rondaran su cabeza para que Sebastián sintierase que se caía a trozos en el antro menos adecuado para terminar una vida llena de bordillos húmedos y tristes, recordaba aquella chica de la playa y su pendiente de diamantes, recordaba su aburrida vida que llevaba alejada del influjo de los sentidos y sus vicios, y en un septiembre ultrajado ardió en deseos de volver a verla, contarle su vida de fracasos e implorarle su perdón pues no pudo terminar su novela, su razón de marcar al viento para siempre. Él sabía que ella talvez lo maldeciría y le diría embustero, falso y otras palabras horribles, pero las recibiría con gusto y valor, no quería estar más solo, solo y con su recuerdo intangible.

Las plegarias del reencuentro

Por años la buscó pensando si lo reconocería, muchas veces fue a la ya olvidada playa donde una vez le habó de sus sueños de escritor reconocido, y ahora solo era un fantasma que lloraba en silencio aunque aun le quedaba la mascara de la astucia se hizo de algún dinero escribiendo cuentos infantiles vendiéndolos en los sectores rurales de la ciudad, hasta se podría decir que adquirió cierta fama entre los mas iletrados y los mas humildes del sector pues tenia la gracia de que sabia contar sus cuentos mejor que lo que escribía. Una mañana se le acercó una chica bien vestida que le reconoció… Sebastián? – le inquirió - si ya lo se dijo el – mira mis ropas, y mi novela incompleta, no me odies por favor, hoy por hoy soy el miedo que tu tienes, soy el último poeta agonizante… soy… - para! - Dijo ella – yo siempre lo supe, pero tu tenias que vivirlo, todos tenemos que regresar a nuestra semilla, la naturaleza tiene sus marcas y nosotros también, yo te seguí con los ojos cerrados sabría donde encontrarte. En cuanto a tu novela, ya tú tienes la respuesta, hay quienes nacen para escribir novelas y otros para vivirlas, toma mi mano, bésame, en el corazón de tu corazón esta tú novela, ven a vivirla conmigo.

Pasaron muchos años para que por fin terminara su novela la cual si ganó el Nóbel, que curiosidad ¿no? La tituló Conversando con gatos pardos, si claro, fueron felices no se si por siempre pues la vida es una novela que nunca se termina de escribir.

3 propinas o chauchas:

Demian D'Lyoncourt dijo...

Wow! Excelentes letras. =)
Me alegra ver que tengo alrededor a gente tan profunda. =)
Ya sabemos que hacer con estos talentos.

Cuídate, hombre... endevant!

Que estés bien.
Au revoir.-

Kamiii dijo...

Hola
decidí mirar por aqui
a ver si habias actualizado
pero no importa ...

No siempre se toma la mano
para evitar una muerte inquieta
sino mas bien quieta xD.

Oie me gusto tu voz, lo dije creo
pero es que nose me transmitio
mucho :O y jamás me esperé tu
llamado pense que me estabas molestando amigo de otra galaxia.

espero que este bien
te cuidas
espero leer algo nuevo


Kamiii

Mr_Somebody dijo...

tiraste demasiadas cosa juntas hombre.

me gusto mucho el de la niña ojos de infante.

me recordó unos cuantos nombres féminos... he estado nostálgico estos días.

el segundo escrito corto no fue de mi agrado.
y tu relato no entendí xD

tengo un problema grave de comprensión.
lo leeré un par de veces mas.

adieu :3